Sunday, December 30, 2012

Lo hispano y lo latino

(La Gaceta, domingo 30 de diciembre de 2012)

Tuesday, December 25, 2012

De Ganivet a Giner


(La Gaceta, domingo 23 de diciembre de 2012)

Tuesday, December 18, 2012

La mula y el buey

 


En un pajar nació el Niño,
un pesebre fue su cuna
y menos mal que a la vera
había un buey y una mula.

Los dos le echaban su vaho
para que no se arreciera,
y vino el Cuarto Poder
y a los dos los puso afuera.

¡Huy qué frío hace en Cádiz!
Tirititrán, tran, tran.
¿Y ese buey y esa mula,
dónde están?

Monday, December 17, 2012

Saturday, December 15, 2012

El cartero electrónico

                                                                            

(Tomado de Divagaciones de una marmota, 
bitácora de mi paño de lágrimas informático)

Saturday, December 08, 2012

Tauromaquia autonómica



                                         La vara y el pañuelo
    Cada vez que veo echar un toro al corral y salen al ruedo los cabestros no puedo evitar representarme el “Estado de las Autonomías”.  Pocas cosas importantes acaecen en la vida española de las que la fiesta nacional no sea una metáfora. Cuando hacer el amor a una dama significaba, en España y en Francia por lo menos, cortejarla o procurar su conquista, era inevitable el paralelo con los diversos tercios de la lidia, imprescindibles para llegar a la suerte suprema, a la hora de la verdad, es decir, a la de hacer el amor a la inglesa, cambiando el acusativo por el instrumental.  En otro orden de cosas, lo que el Parlamento es a medias, lo es por entero la plaza de toros, en la que no sólo los padres de la patria, sino los ciudadanos tienen voz y voto. En el palco presidencial hay un señor rodeado de consejeros que ordena y manda con un pañuelo en la mano.  En la España democrática saltaron al ruedo uno o dos toros ilidiables y no hubo más remedio que hacer salir los cabestros, que una vez en el ruedo, se negaron a abandonarlo e hicieron causa común con los ilidiables por mucho que el presidente de la corrida agitara su pañuelo.  Estos bueyes parlamentarios, a diferencia de los de la plaza de las Ventas, no saben o no pueden hacer su oficio, pero en estos casos, en otras plazas al menos, sale un mayoral con una vara para echarles una mano y mandarlos a los corrales junto con las reses dadas por imposibles por el pueblo soberano y por el señor del pañuelo.

Monday, December 03, 2012

En torno al "Cervantes"

 (La Gaceta, Madrid, domingo 2 de diciembre)

(La Gaceta, 25 de noviembre de 2010)

¿Traigo o no traigo suerte?

Sunday, December 02, 2012

Saturday, December 01, 2012

Prólogo galeato

Metapolítica y Modernidad                                  
El concepto de “metapolítica” lo lanzó por lo visto la Nouvelle Droite como contragolpe de la Chienlit o Carnaval del mayo francés del 68. Yo en cambio creo que es anterior a esa fecha y que nació al Sur de los Pirineos. El origen está  una conversación privada del general Franco con un visitante, que le anunció que quería dedicarse a la política, y le aconsejó: “Haga lo que yo. No se meta en política.”  Y es que la metapolítica consiste justamente en eso; en no meterse en política, sino en situarse a su lado o más allá de ella, pero sin perderla de vista. 
En realidad, como explica Alberto Buela, hay tres conceptos de la metapolítica: el susodicho, cuyos voceros más conspicuos son el francés Alain de Benoist y el italiano Marco Tarchi, cuyo campo de acción es la pura teoría y excluye eso que llamaban la praxis los marxistas; otro, mucho más abstracto, propugnado por Léo Strauss, que también excluye no sólo la acción, sino la ideología, pues tiene un carácter puramente hermenéutico y analítico, prescinde de la metafísica y suspende los juicios de valor  pues, in parole pòvere, es decir en términos marxistas, no pretende transformar el mundo, sino comprenderlo, y otro por fin, preconizado por Silvano Panunzio y Primo Siena, que tiende a la trascendencia y constituye una especie de metafísica esotérica y pretende actuar sobre la realidad a través del mito y de la tradición. Es la línea de René Guénon, de Friedhof Capra, de Julius Evola et alia.  Su antecedente más inmediato es el Max Scheler que pretendía educar en nuevos valores a una clase culta que sustituyera a una clase política sujeta a valores caducos e inoperantes, y el Antonio Gramsci que quería adueñarse ideológicamente de la sociedad civil como paso previo ineludible e inevitable a la conquista del Estado.
De esta disyuntiva parte Alberto Buela para enfrentarse con una Modernidad con la que no está muy conforme y a cuyos amenazantes proyectos urge oponer alguna alternativa. Lo malo es que desde que la Historia es Historia, y de esto hace ya algunos milenios, no hay alternativa que el hombre no haya ensayado sin que se pueda decir que cualquiera de ellas haya sido acertada al cien por cien. Los griegos se curaban en salud al establecer una rotación en esas alternativas, a cada una de las cuales se les señalaba una fecha de caducidad.  Por el contrario, los titulares de las alternativas siempre han hecho todo lo posible por perpetuarlas y para ello el expediente más socorrido siempre fue el de extenderlas.  “Un monarca, un imperio y una espada”, el voto de Hernando de Acuña al césar Carlos V ha sido la meta última de los imperios que en el mundo han sido y a los que los descubrimientos de la llamada Edad Moderna imponían un límite de dilatación. Por mucho que el sol no se pusiera en sus dominios, a unos antes y a otros después les llegaría la hora del crepúsculo y con él el toque de retreta.  Vano fue siempre el empeño del hombre en extenderse para inmortalizarse. En el siglo XX hubo sistemas para convertir el espacio en tiempo mediante doctrinas como la del Gran Espacio o Espacio Vital, que se contentaba con mil años, y la de la Revolución Permanente, que tendía al infinito.  Ahora tenemos la Globalización mediante la que se quiere imponer la democracia fukuyámica por doquier y para siempre.
Frente a esa Globalización que impone el pensamiento único y el relativismo cultural, Buela concibe un planeta organizado en “ecúmenes”, y de esas “ecúmenes” la que a nosotros nos incumbe es la que él llama “iberoamericana”o “hispanoamericana”. Ahora bien, lo primero que tiene que hacer cada una de las naciones, regiones, provincias o comarcas de esa “ecúmene” es liberarse del lenguaje impuesto por el “pensamiento único” de la “corrección política”, al que el propio Buela rinde tributo cuando después de lo antedicho hace la salvedad siguiente: “por más que este último término haya sido desgastado por el uso intensivo que hizo la España de Franco”.  Da la casualidad de que el término fue acuñado en 1926 en Buenos Aires por el sacerdote vasco don Zacarías de Vizcarra, con la finalidad explícita de sustituir con él el término de “raza” por el que se designaba al “conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía” y con el que se expresaba “en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica.”   Tanto los portugueses que Gama llevó a Oriente como los castellanos o extremeños o andaluces o vascos que acompañaron a Colón, a Valdivia, a Cortés, a Pizarro, a Legazpi se consideraban “hijos de España” (véase Camoens), mucho antes de que una de las partes se adueñara indebidamente de la denominación común, mal ejemplo que apenas dos siglos después y en América seguirían los colonos británicos al independizarse de su madre patria. La institución desde la que Franco hizo en efecto un “uso intensivo” del concepto de Hispanidad fue el Instituto de Cultura Hispánica donde tan “hispano” era un becario peruano o guatemalteco como un becario brasileño, que los había en gran cantidad.
Yo siempre he pensado que hay tres  naciones en la periferia del Viejo Continente a las que  nunca les ha ido bien cuando se han metido en los asuntos continentales, y esas tres naciones son Rusia, Inglaterra y España, tres naciones centrífugas, cuyos grandes destinos históricos siempre estuvieron en su proyección hacia fuera: Rusia hacia Oriente y España e Inglaterra hacia Occidente.  Esas tres naciones son el núcleo inicial de tres de las “ecúmenes” en que Buela divide al mundo, que son más por supuesto.  De esas tres, la única que conservó su centro de gravedad fue la eslava, que por algo se llamó Tercera Roma. En las otras dos el centro de gravedad se desplazó con diversa fortuna a la otra orilla del Atlántico. Hoy día la ecúmene anglosajona es la que domina el mundo y pretende imponer su cosmovisión y sus instituciones a todo el globo terráqueo.  La hispanoamericana en cambio padece las consecuencias de un pecado original hispánico, que no es otro que la rendición espiritual e ideológica ante los mismos contra los que luchó en la guerra de la Independencia.  La Constitución de Cádiz, promulgada en una ciudad sitiada por Napoleón, fue redactada por la misma persona que meses atrás había redactado la Constitución de Bayona al dictado de Napoleón.  En cuanto a la Europa continental, me temo que muchos de sus males le vienen de haber perdido su centro de gravedad, que era naturalmente Roma. Y esto fue así a partir de la Reforma, que fue la primera gran ruptura de su unidad espiritual, ruptura que el nacionalismo, que fue la gran aportación de la Revolución Francesa, no tenía más remedio que ahondar.  De ahí que nunca hayan ido a buen puerto todas las tentativas de unificación, sea por el hierro, sea por el oro.  No creo que la hostilidad declarada a todo cuanto Roma representa y significa vaya a facilitar la superación de las rupturas europeas. Y es que Roma es lo único que puede dar sentido y cohesión a las “ecúmenes” que constituyen lo que entendemos por “Occidente”.
Buela entiende que lo primero que ha de hacer es disentir del consenso o de los consensos de un Occidente dejado de la mano de Dios, un Occidente del que es primum inter pares un país que no ha prescindido del todo de Dios y que encabeza la “ecúmene” dominante.  De ese país, el resto de Occidente imita lo más fácil y menos exportable, olvidándose de lo más esencial y “ecuménico”.  Ese país, que tiene poderosas razones para estar convencido de que su sistema político da buenos resultados, lo ha erigido en dogma y sustituido con  él la fe de sus fundadores.  He aquí cómo la democracia ha llegado a ser la religión de un mundo sin religión.
Hay que decir que también contaron con Dios los constituyentes gaditanos, los “españoles de ambos hemisferios” que elaboraron la Constitución de 1812, pero a juzgar por los resultados, no se puede decir que estuvieran muy asistidos por la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.  Esa Constitución, que es la madre de todas nuestras constituciones a ambas orillas del Atlántico, resultaría inaplicable en el hemisferio metropolitano para el que fue concebida, mientras que en Ultramar hubo tantas imitaciones cuantos caudillos aspiraban a la primera magistratura de cada subdivisión del hemisferio virreinal. Nada más natural que de esa fragmentación se aprovecharan los avisados vecinos del Norte, cuya Constitución perdura porque es la misma para todos y que gracias a ella lograron erigirse en centro de gravedad de la “ecúmene” anglosajona.  
En ese centro de gravedad se decía en tiempos que lo que era bueno para la General Motors era bueno para los Estados Unidos, y ahora, mutatis mutandis, se dice, aunque no se piense, que lo que es bueno para los Estados Unidos es bueno, o tiene que serlo, para el resto del planeta.  Ese consenso de la “ecúmene” occidental, cuya ideología es el “pensamiento único” y cuya ética es la “corrección política”,  suscita disensos en las otras “ecúmenes” y la que aquí se estudia es la hispanoamericana. Buela abandona la torre de marfil de la metapolítica para rastrear una identidad común a esa “ecúmene” y para ello se sirve de una tradición que no puede ser otra, desde su perspectiva de criollo, que la que, en lo bueno y en lo malo, procede de España. Decía Octavio Paz – que presumía más de mestizo que de criollo - que lo mexicano incluye lo español, pero no viceversa, y lo mismo viene decir el embajador Robles Piquer cuando afirma que “España no pertenece al continente americano, sino a su contenido”.  No sé si me equivoco al pensar, a la vista de los razonamientos de Buela, que en ese “contenido del continente” ve él la piedra angular de una unidad de destino.  Ya que hablé de Paz, quiero recordar que después de leer un ensayo suyo sobre Ortega y Gasset, le puse unas letras que terminaban así más o menos: “Es urgente que el mundo hispánico haga su propia modernidad”.

Thursday, November 29, 2012

Tuesday, November 27, 2012

Monday, November 26, 2012

El Angel Volador


                                                  El Angel Volador
    Han llegado a mi poder, de modo algo misterioso, cuatro apuntes a lápiz de paradas, despejes, estiradas y acrobacias del que fue guardameta internacional del Sevilla F. C. Guillermo Eizaguirre. Yo no alcancé a ver jugar a Eizaguirre y si sé que se trata de él es porque por detrás de uno de los dibujitos, no mayor cada uno que un sello de correos apaisado, aparece escrito con lápiz “Eizaguirre Guillermo”.
   
 Esos cuatro “estudios de movimiento” confirman el remoquete de “el ángel volador”, que se le dio en su época.  Es probable que los apuntes los tomara en el campo, en el viejo campo de Nervión, un tío mío que era pintor. Guillermo Eizaguirre era hijo del magistrado don Eugenio Eizaguirre y Pozzi, oriundo de las Provincias Vascongadas, destinado en Sevilla como Presidente de la Audiencia y segundo entrenador en orden cronológico del Sevilla F. C., en cuyo equipo infantil se inició su hijo Guillermo.  En ese equipo infantil coincidió con Leoncito, medio izquierda que acabaría su carrera en el Real Madrid. En lo que don Eugenio no logró hacer carrera con su hijo fue en los estudios jurídicos.  Las aulas le venían estrechas para sus célebres estiradas
.   
    Eizaguirre fue varias veces internacional, en una época además en que el rey de los porteros se llamaba Ricardo Zamora.  Hablar de unos futbolistas a los que no se ha visto jugar es como hablar de toreros a los que no se ha visto torear, máxime si pertenecen a una época en que el deporte o los toros no se quedaban como ahora con la parte del león de los documentales. Yo a Zamora lo he visto, pero en el banquillo de los entrenadores, cuando lo era del Atlético Aviación o del Español, como he visto a Pasarín o a Meana, uno de los héroes de Amberes, pero tan tarde como a inicios de los 90 aún me hablaba un vejete vienés, dueño de una tienda de pantalones, del Elfmeter (el penalty) que él vio parar a Zamora en la Viena de 1934.

  
(Ricardo Zamora y Guillermo Eizaguirre)

Precisamente contra Austria, dos años más tarde, en enero de 1936, jugó Eizaguirre su último partido con la selección y no debió de tener una buena tarde, porque encajó nada menos que cinco tantos.  Mal empezaba el año aquel para España y para Eizaguirre en particular, porque sería aquélla su última temporada por obvias razones que nada tenían que ver con el deporte.
    Puede decirse que la carrera deportiva de Eizaguirre culminó en 1935, año en que debutó en la selección contra Portugal y fue el artífice del triunfo español frente a Alemania en Colonia.  Ese año de 1935 fue especialmente feliz para el fútbol sevillano, pues la Liga la ganó el Betis Balompié y la Copa el Sevilla F.C., cuyo equipo amateur ganó también el campeonato nacional de su categoría.  El trío defensivo del Sevilla no podía sonar más vasco: Eizaguirre, Euskalduna y Deva. 
Los dos defensas eran además naturales de las Vascongadas.  Eizaguirre en todo caso era lo que  luego se llamaría “oriundo”, como lo era el delantero Torrontegui, futuro integrante de la delantera stuka.  En cambio, los vascos del Betis lo eran de “pata negra”: Urquiaga, Larrinoa, Lecue, Unamuno… A Lecue se lo llevaría el Real Madrid después de la guerra, y Unamuno acabó su carrera en el Atlético de Bilbao, donde cedió el puesto primero a un tal Duque y luego nada menos que a Zarra. El nombre de Zarra va unido al de Eizaguirre, nombrado seleccionador nacional, en el célebre campeonato mundial del Brasil de 1950.
    Guillermo Eizaguirre fue uno de los jugadores cuya carrera truncó la guerra civil.  Al terminar la contienda volvieron a jugar, y en el equipo nacional algunos, hombres como Campanal, Torrontegui, Gorostiza, Herrerita, Elícegui, Escolá, etc. etc.  Otros, como Lángara, Iraragorri, los Regueiro, siguieron haciéndolo en Hispanoamérica. El caso de Eizaguirre fue especial. El 18 de julio se echó a la calle y gracias a él y a muchos como él triunfó en Sevilla el alzamiento nacional.  La guerra la hizo en las filas de la Legión, en las que llegó a capitán. Terminada la contienda, permaneció en Madrid y decidió seguir en el Ejército y de ser posible, volver a jugar al fútbol. Podría haber jugado en cualquiera de los dos equipos madrileños, pero el presidente del Sevilla F.C., don Ramón Sánchez Pizjuán, le negó la libertad de hacerlo. Es decir, que quien acabó con Eizaguirre como guardameta no fue la guerra, sino Sánchez Pizjuán.  Más suerte que él tuvo otro gran guardameta,  y eso que hizo la guerra, o la pasó, en el bando vencido: el catalán Martorell, que pudo simultanear su profesión de médico con la defensa del marco de su equipo, el Español de Barcelona, y de la selección nacional.     

Thursday, November 15, 2012

Homenaje sevillano a Dionisio Ridruejo

Dionisio en la Plaza de Cataluña. Barcelona, enero de 1939
LA CLAVE CULTURAL: Reseña de la conferencia "Las Campañas de Dionisio Ridruejo" en Sevilla

A Dionisio Ridruejo, en su muerte

Y estás fuera del tiempo, y cuando huellas
de los astros el áspero sendero
se te abre en el cielo un agujero
negro donde se abisman las estrellas.

Bajo ese pozo que en tu muerte sellas,
en lo infinito que hay detrás del cero,
¿corre, como en tu nombre, limpio el Duero,
corona Urbión su frente de centellas?

Fuera del tiempo estás, quebróse el hilo
que al tiempo nuestro el corazón unía
más agrietado cuanto más valiente.

Mas no se ha roto el hilo de tu estilo
y hoy sé que vas por tu perpetuo día,
si roto el corazón, alta la frente.

                                   Roma, junio, 1975

Tuesday, November 13, 2012

Conciertos infantiles

Duo Charles Daucla (Willie y Miren, su maestra)

A la claire fontaine    (Sally y Willie)

Monday, November 12, 2012

Lettre à un prophète

Monsieur                                       Rome, le 22 décembre 1972
 Paul Morand                                                                            
Château de l'Aile                                                                           
Vevey (Vaud)                                                                         

Cher maître,
C'est avec quelques années de retard, hier soir seulement chez un bouquiniste de la Via del Teatro Valle, que votre livre  Magie Noire  est tombé dans mes mains.                                                                           
Ce qui m'a frappé particulièrement dans ce livre, publié en 1930, donc un an avant ma naissance, c'est votre description détaillée d'une dictature socialiste aux Antilles, sans oublier pour autant votre prédiction de l'attaque de Pearl Harbor, quatorce années en avance. En effet, il ne faut que transférer l'action d'Haïti au Cuba, et Le Tsar Noir  cesse d'être de l'histoire fiction pour devenir pure et simple clairvoyance.
Voici deux ans que j'ai écrit aussi un roman satirique sur le socialisme tropical, que je me permets de Vous envoyer. Il se peut que sa lecture Vous amuse, bien que je n'y fais que constater ce que Vous avez eu le génie de prévoir.                                                                           
Quoique j'habite à Rome, je suis né à Séville, où nous avons eu un grand ami commun, l'inoubliable Joaquín Romero Murube, celui qu'une fois Vous appela el viudo de Europa.
Mantenant il ne me reste que Vous souhaiter un joyeux Noël et une bonne année.                                                                           
Très amicalement,

Aquilino Duque
Lungotevere Ripa, 6
00153 R o m a

Saturday, November 10, 2012

La máquina del tiempo 2



El Olímpico que se sepa no le contestó al Pululante

Thursday, November 08, 2012

La máquina del tiempo 1

Algo sabía yo de una sonada conferencia pronunciada en 1932 en la sede de Acción Española por Pemán que, por su título, me parecía una réplica al panfleto de Julián Benda, La trahison des clercs, aparecido por aquellas calendas.  Parece ser que el texto se perdió y sólo queda la crónica de ABC que tiene la gentileza de enviarme don Tomás Salas, de Álora, "la bien cercada".  Parece mentira que hayan pasado tantos años.