El cine y los jardines

  • 8 jun. 2014
  • ABC (Sevilla)
  • AQUILINO DUQUE Premio Nacional de Literatura

EL CINE Y LOS JARDINES

Él fue expulsado del Jockey Club y, siguiendo el consejo volteriano, se dedicó a la botánica y a la jardinería; ella se lanzó a demostrar en la práctica que por algo descendía del marqués de Sade

DURANTE muchos años presidió la Sociedad francesa de Amigos de los Jardines el vizconde Charles de Noailles. Charles de Noailles fue el afortunado mortal que logró contraer matrimonio con la heredera de una de las primeras fortunas de Francia: Marie Laure Bischoffsheim. La boda se celebró en Grasse enn 1923. Apasionados del arte y sobre todo de la celebridad que el arte puede reportar, los jóvenes esposos abrazaron la carrera de mecenas. Era la moda y la mayor parte de los puestos de mecenazgo estaban ya ocupados: la música la tenía la princesa de Polignac, née Winnaretta Singer; la danza Misia Sert; los bailes de sociedad y los raouts (los saraos) los Étienne de Beaumont. No quedaba más que el cine y lo agarraron por donde más quemaba, por el  lado surrealista. Fueron ellos los que financiaron aquellas películas ante las que era de rigor caer en éxtasis si no se quería pasar por filisteo y retrógrado y en las que el mal gusto se da la mano con el tedio y la perversidad: Le sang d’un poète, Un chien andalou, Le mystère du château du Dé, L’Âge d’or. A Cocteau lo conocía Marie Laure desde los quince años cuando, ceguera de la adolescencia, see enamoró de él; la amistad sería eterna y él la llamaba Marie Laure de Noailles, nez (que suena en francés igual que née) Bischoffsheim. Del lado judío le venía no sólo la nariz, sino la fortuna, pero sus aficiones en cambio se las atribuía a su abuela Laure de Sade, inmortalizada por Proust como Oriane de Guermantes, descendiente de la Laura del Petrarca y del marqués de Sade. La primera aventura jardinera y cinematográfica de la pareja fue el jardín cubista de Hyères, donde Man Ray rodó Le mystère du château du Dé, y el escándalo con el que el mecenazgo hizo crisis fue el estreno, en su mansión de la plaza de los Estados Unidos, de L'  âge d'or,de Buñuel y Dalí. Ese empeño en elevar el crimen a obra de arte tiene unos antecedentes y unas secuelas. Los antecedentes están en toda una estética y una ética que llega desde el marqués de Sade hasta los surrealistas. En una de sus obras, dice Louis-Ferdinand Céline: Ce qui guide toujours le mieux c’est l’odeur de la merde. Años después, en la «nueva era» que en palabras de Alberti inauguró el 18 de julio, el propio Dalí, que en algo se le tenía notar que era hijo de notario, levantaba acta de las consecuencias prácticas del sentido de la célebre peliculita en los términos siguientes: La carne resucitó en el desentierro de los amantes de Teruel… El miliciano de la FAI llegaba al café del brazo de la momia de una monja del siglo XII, que acababa de desenterrar… De todas partes subía en la martirizada España un olor de incienso, de casullas, de quemada grasa de curas y de carne espiritual descuartizada, que se mezclaba con el olor a pelo goteante del sudor de la promiscuidad de esa otra carne, concupiscente y tan paroxísticamente descuartizada, de las multitudes que fornicaban entre sí y con la muerte.

Años atrás, al estrenarse l a película sin otro propósito inmediato que el de épater le bourgeois con uun refinado alarde de transgresión, la sociedad tenía aún reflejos y capacidad de reacción. Él, Charles, fue expulsado del Jockey Club y fue cuando, siguiendo el consejo volteriano, se dedicó a la botánica y a la jardinería; ella se lanzó a demostrar en la práctica que por algo descendía del marqués de Sade. Sus provocaciones y sus alardes hicieron época. A última hora,  a alguien que la conocía bien y no se dejaba ofuscar por sus aspavientos, le confesaría que siempre le fue inaguantable el anticlericalismo de André Bretón, que le molestaban las blasfemias y que, sin tener la piedad de su madre, nunca había querido ofender a Dios. Murió en 1970, a la edad de 69 años. El vizconde presidía aún los Amigos de los Jardines en 1972. Paul Morand, después de hablar con él por teléfono, comentaba en su diario: «La dificultad para un hombre tan encantador y tan manso como Charles de vivir, o de sobrevivir, al lado de M.- L. En el fondo, por algo es el descendiente de ese vizconde de Noailles, diputado de la nobleza en los estados generales de la noche del 4 de agosto, que propuso el abandono previa indemnización de sus derechos feudales.» El matrimonio, del que hubo dos hijas, no duraría mucho, sin que la ruptura del vínculo llevara consigo la de la convivencia. A alguien que le preguntaba si a Charles le gustaban los hombres o las mujeres, Marie-Laure se limitaba a contestar: Il aimait les fleurs.


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